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Ha nacido un profesional III y 2/3


Hola.
Después de la curiosa pero cierta historia de la tribu inventora de la banqueta, me siento en la obligación de narrar lo dificultoso de llegar a ser todo un oficial de primera cuando serlo, era un orgullo.

Ya han pasado varios años desde las primeras carreras de tachuela y las primeras puntadas de guarnecido, por lo que te crees el personal cualificado que necesitaba el mundo gracias, en gran medida, al tesón y la paciencia del que fuera mi maestro y mi primer jefe de verdad. Pero esta bonita historia de amor cambiará de rumbo gracias al servicio militar, que truncaría mi carrera profesional a once días de firmar el contrato fijo. Tal y como te hierve la sangre con diecinueve años, no eres capaz de entender como el empresario rescinde tu contrato aún asegurándote un puesto de trabajo para cuando vuelvas de la guerra. Eso sí, puedes ir a echar horas cuando quieras que te vendrá bien para sacarte un dinerillo mientras estás de permiso, también sirve de anexo al mundo real mientras juegas a soldaditos y no te olvides de que un puesto de trabajo a tu vuelta, puede ser lo que necesites para olvidar un año de tu vida.

Ups!, ¿me coges la pastilla?
Las cosas del ejército.
Por razones obvias no contaré nada de la mili que, aunque me acuerdo de casi todo, no es el tema a tratar. ;D

Hace mucho, mucho tiempo, lo que se exigía para ser un señor oficial era saber todo o casi todo que se relacionara con tu oficio. Debías haber embalado, cargar y subir “sofases” de “cienes” de kilos a lo más alto del edificio más alto de la comarca, también se puede dar el caso de que una vez arriba los marcos de las puertas hayan encogido los dos centímetros vitales que te obligaban a tirar de imaginación, o de herramientas de despiece como última opción. En este punto era vital disponer de una hábil verborrea ingeniosa para que el nuevo dueño no encolerizara viendo como le desarmas el sofá delante de sus morros… y en su casa, lo más fácil es echar la culpa a un tercero inexistente que no supo hacer bien lo de las medidas y eso.
No bastaba con saber tapizar y coser, tenías que haber hecho la mezcla de pluma para los almohadones tanto de asiento como de respaldo, basteando éstos últimos, y diferenciando las cargas según uso, debías haber cortado goma y saber aprovechar las planchas de goma hasta casi el infinito y como no pare, acabo contando todo de tirón, en definitiva, debías conocer el oficio.

A día de hoy, lejos de enseñar un oficio a los inexistentes aprendices de dieciséis, te limitan a una serie de modelos que con el tiempo haces con los ojos cerrados, pues bien, como has adquirido cierta soltura de gatillo y la obra es medianamente pasable, te regalan el título de profesional echando éste por tierra. Puedes asegurar que no se agotarán los oficiales, porque a este paso nos jubilaremos por aburrimiento de la vida a los ochenta y cinco, o cuando nos quedemos parados de pulsaciones.


1 comentario :

  1. Hola amigo, me ha llamado mucho la atención la foto de los pies en la ducha y el jabón.
    Podrías enviarmela?
    Abrazos

    claudioso67@yahoo.com.ar

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