Sinapsis de un Tapicero <!--Can't find substitution for tag [blog.pagetitle]-->

Ha nacido un profesional III


Hola.

Una vez que te acostumbras a los incómodos grapazos en las extremidades, a los pinchazos de la aguja, los martillazos en las uñas, los dedos revirados, los dolores ocasionados por el movimiento vertebral en el lumbosacro o las tendinitis varias, sólo queda castigarse los tarsos y los metatarsos escribiendo al ritmo vertiginoso de cuatro pulsaciones por minuto, pero se puede estar peor, mucho peor:
Cuentan las viejas glorias que un Tapicero de Montañana, acogiendo la pistola en su regazo (y al revés), “asiola” desafortunadamente y “soltose” una grapa en lo  que cualquier varón nacido como tal, tiene en tan alta estima. Anduvo “patihueco” durante semanas dado el tremendo hinchazón de las pelotas. A día de hoy es soprano de la parroquia y trabaja de costurera. Las malas lenguas aseguran que pasadas las doce de la noche torna su vocación ocupacional y desfila atavíos de calceta, que él mismo confecciona, en el hogar del jubilauta.

Los primeros tapiceros conocidosComo ya he comentado en alguna ocasión y no sé donde, los aspectos técnicos no han variado en demasía y para trabajar a la altura de las piezas se hace necesaria una banqueta minúscula de aproximadamente treinta centímetros de altura, obligando a doblar el espinazo hasta el punto de poder abrocharse los cordones a golpe de diente, pero ¿alguien sabe quien inventó la primera banqueta?. Y es que cada vez quedamos menos a los que no se nos hinchen las mismísimas mientras tapizamos.

Tengo que decir que después de veintitantos años de oficio, se estresan los tendones y se arquea la columna vertical y que como en cualquier trabajo mal remunerado, sufres de la hinchazón antes mencionada, pero cada silla o sillón, cada pieza que haces con tus propias manos, es una personalizada obra de arte que servirá de cuna de pedos y siestas... pero esa es otra guerra.

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