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Oro parece, plata no es.


Hola.

Aunque pueda parecer todo lo contrario, un tapicero puede llegar a tener una serie de actividades que ocupen su tiempo libre, que no es tal, a tiempo total. Los deberes, las actividades extraescolares o la adquisición y aprendizaje de un terminal nuevo, son algunas de las absorbentes tareas domésticas a desempeñar después de tapizar a tiempo parcial de ocho horas. Un horario cómodo en un trabajo que te gusta desempeñar es una suerte de la que pocos pueden presumir… algo idílico ¿eh?.

Siempre se suele entorpecer la marcha por nimiedades que pueden hacer derogar al noble propósito de vivir y dejar vivir como pueden ser la incertidumbre de los pedidos, los atrasos en los pagos, los madrugones que con el pasar de los años, lejos de acostumbrarte, cada vez pesan más, los malsanos fluorescentes de natural light, la insidiosa verborrea del mal llamado encargado, la tirantez de rostro del que tienes al lado y su omnipresente silencio vital, el cansancio cerebral que se adueña del cuerpo cuando llega un Jueves fatal, la inexplicable ausencia de las mínimas reglamentaciones que amparan al trabajador, o las ya numerosas lesiones profesionales que incomodan en demasía el quehacer diario frente a un esqueleto por tapizar… ¿y el idilio?.

Con lo fácil que podría llegar a ser nuestro paso por lo Terrenal y aquí andamos mal pagados y agradecidos, que tal y como pinta el mundillo laboral nos podemos dar con un canto en los dientes y ya de paso endeudarnos con el dentista para un par de años. También es buen momento para que se te estropee el coche, o se caiga la tele de bruces, o  el frigorífico deje de funcionar como tal y se descongelen los corderos fileteados o las merluzas, a la computadora personal que sostengo en mi regazo que le quedan dos telediarios, la puerta de la terraza por colocar esta semana venidera (eso sí, a precio de hermano) y todo esto, esperando la paga de verano y cobrando a dos meses vencidos cuando no has dejado de trabajar más que los festivos de rigor… ¿alguien a visto a ese tal idilio?.

Como para no estar de ceño fruncido y en las antípodas de lo cachondo por mucho que te desarrolle el alma tu trabajo, que a todos a nos gusta trabajar por amor al arte, pero cobrando. Y es que “no tengo el chichi pa’ farolillos” como dijo en su día Aída, y este post no sea más que una burda excusa porque no me apetecía escribir de tapicería, que contento me tiene esta semana.

P.D.: Si te cruzas con el idilio ese le “apretas” una pedrada entre ceja, morro y oreja de mi parte y que se pase cuando quiera.

Un saludo.



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