Sinapsis de un Tapicero <!--Can't find substitution for tag [blog.pagetitle]-->

¡Qué cachondo!


Hola.

Quien más y quien menos se pega en su puesto de trabajo la friolera de ocho horas diarias de tiempo vital, por lo que pasas con tus compañeros laborales más tiempo que con los seres queridos. Hablas con ellos de temas que en casa son tabú: programas del corazón, caza y pesca, incluso de política. Pero esto pasa con el transcurrir del tiempo, cuando tienes la sangre inquieta la cosa es distinta aún siendo más de lo mismo: hablas de cosas que en la vida se te ocurriría soltar en casa y sobre todo, interactúas.


Al sentirse uno jovial y alegre en un un ambiente distendido y llevándote bien con los compañeros, las bromas son tan inevitables como necesarias y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra… bueno, si oías algo parecido a esto ya podías esperar una pedrada por parte de cualquiera que, además, acogías con gusto.

Es un amplio repertorio de judiadas el que se me pasa por la mente y la mayoría anclados en el recuerdo, es difícil inventar tejemanejes después de tantos años y licenciado con honores. Algunas han sido graciosas, otras acojonantes de la muerte, otras sólo han servido para esbozar una sonrisa y unas pocas han acabado con la amistad para un par de días, pero todas sirven para un momento de risión.

No hace mucho tiempo, pude regocijarme el ego perpetrando todo un clásico en tapicería con un compañero extranjero que no sabía de semejantes menesteres: Una vez elegida la víctima simulas, llevándote las manos a la cara, que cualquier minucia te ha saltado al ojo, le preguntas nervioso si lleva las manos limpias incitándole para que te eche un vistazo, normalmente se las mira y acude raudo para prestarte auxilio, es el momento de proponerle que te someta a unos tocamientos de índole sexual con sus manos impolutas. Lo que lo hace más atractivo, si cabe, es que dicho compañero es de raza musulmana, con lo que son para estas cosas. Las risas fueron mayúsculas. Dejando a un lado creencias religiosas y costumbres, es un ser humano excepcional que encajó con elegancia la broma. Lo malo de esta inocente bromichuela es que ya no se puede repetir al mismo, ya que de segundas, te indican el camino a la mutua sin dilación.

Pero tranquilos que no me explayaré lo mismo con todo el amplio material delictivo, las enumero por mención y os hacéis una idea:
  1. Pegar la botella de agua allá donde esté y que para cogerla, haga hincapié.
  2. Agujerear otra botella de agua cerca del tapón para que, al  beber, el sujeto en cuestión se cale sin remisión.
  3. Grapar el sofá al suelo y que moverlo le haga duelo.
  4. Grapar la banqueta para dejarla quieta.
  5. Embadurnar las tijeras con pegamento, para pringarse al momento.
  6. Cortar el suministro de aire de la pistola y que salga una grapa sola.
  7. y así hasta el infinito… y no me repito.
Lo dicho, que el tema en cuestión podría alargarse en la prosa y en el verso hasta los confines del universo y podría tratarse en otro capítulo, cosa que no descarto, que hay bromas de infarto.

Un saludo.








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