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Un cuento para mis nietos


Hola.

Más de una semana sin tiempo libre y sin ideas ni ganas, me ha traído hasta aquí. Cuando la señora esposa de uno trabaja a turnos y las actividades extraescolares de los hijos de ambos ocupan toda la tarde hasta la hora de la cena, la energía es lo que más se echa en falta después de duchas y cocinitas cuando pasas los “treinta y diez” años de longevidad. Si a todo esto le sumas los intempestivos madrugones, que es el precio a pagar por disfrutar de las tardes libres, la verborrea decrece notablemente y las palabras no encuentran sitio entre la nebulosa cerebral.

Ante tanto cúmulo de despropósitos, llega un fin de semana largo que permite ahuyentar los fantasmas de la inspiración… bueno, cualquier fin de semana menos el de Todos Los Santos, que es cuando más fantasmas hay, por lo que seguimos igual.

Intentando alejarme del mundanal tedio, busco refugio en un pueblo perdido de la civilización donde no encuentras cobertura. Todo lo contrario  a lo que haces habitualmente, comes y bebes de otra manera y hasta piensas distinto, a veces pienso que soy Géminis y gozo de una doble vida… como para no ir de culo con el tema tiempo.

Es aquí donde te das cuenta de lo que ha cambiado la vida, las costumbres, la gente, nada es como era o debiera. Que sirva de ejemplo como tendremos que contar un cuento a nuestros nietos el día menos pensado:
      
Bueno, que tengo una colada por tender y el tiempo pasa factura.

Un saludo.



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