Hola.
El lector hacendoso I: El pouff de Sonia.
Hola.
Retapizando sillas de estilo.
Hola.
De casta le viene al galgo.
Hola.
Hoy vengo a narrar una de esas historias que de aprendiz te calan hondo y que, hasta hace poco, tenía olvidada no se dónde y que, gracias al recordatorio del amigo Tapicero Cárdenas, he recuperado del arcón de mis orígenes… os pongo en situación anunciándoos una letrada de dudosa digestión, estáis avisados ;)
Haciendo un guiño a la entrada con la que mi amigo Senovilla nos ponía en antecedentes del oficio, voy a provincializar la historia más cercana de la tapicería que, en cierto modo, llega a incumbirme… aunque como me recuerda mi hermano mayor, lo mío sólo sea fruto de las escurriduras o salpicaduras…
Allá por Febrero de 1987, en mis primeras tomas de contacto con la grapa, se dejaban oír leyendas sobre la fabulosa estirpe de tapiceros que desde siempre habían gozado de buena fama como profesionales cualificados, generaciones que avalaban el buen hacer de los artesanos por estas tierras Mañas.
Desconocedor por completo de que existieran personas que fabricaban los sofases (hasta que me vi quitando grapas), achacaba estas habladurías a un mero recurso para ensalzar un trabajo artesanal que no trascendía en telediarios y sin reconocimiento social alguno, que yo supiera, y eso que por aquel entonces, un buen tapicero era ganador de buenas perras.
Bueno, llegados a este punto, es aquí cuando las leyendas constatadas acaban convirtiéndose en mito con nombres y apellidos: Simón Loscertales Bona, 1890-1971. Hijo de un maestro ebanista Zaragozano, Luciano Loscertales, establecido en la última década del siglo XIX. Se formó como profesional bajo las enseñanzas del maestro ebanista del Palacio Real donde adquirió los conocimientos ligados a los diseños curvilíneos heredados de la corte de Versalles.
Aquí el paisano, con veintiocho años ya estaba de vuelta a la capital del Ebro tras haber visitado España entera, Francia, Holanda e Inglaterra empapando oficio por todos sus poros. En poco tiempo ya contaba con sesenta y cinco operarios a su cargo y sucursales de venta esparcidas por Madrid, Barcelona, Sevilla, San Sebastián, Vigo, Oviedo y Pamplona… ahí es nada.
- Ebanistas
- Tapiceros
- Tallistas
- Escultores
- Broncistas
- Doradores
- Rejilleras
- Repujadores
- Barnizadores
- Silleros
- Marqueteros
- Terminadores
- Debitadores
- Trazadores
- Maquinistas
- Dibujantes
La materia prima, como no podía ser de otra forma, era una selección de maderas nobles tales como el Ébano, Palo Santo, Palo Rosa, Roble y Nogal. Para la confección de cada modelo, se dibujaba escrupulosamente el mueble (a tamaño natural) con acuarelas, aportando las referencias técnicas de las matrices de perfiles y tallas necesarias para la fabricación de la pieza. Una vez elegido el modelo, la sección de patronaje y la de maquinistas, daban forma a la elección del cliente.
Con más de trescientos empleados y una vez que la pieza pasaba por todas y cada una de dichas secciones, el mueble presentaba las ricas incrustaciones de maderas exóticas que enriquecían los colores de las marqueterías Isabelinas. Tallados, dorados y los bronces como aplique, hacían de cada pieza una verdadera obra de arte cada vez más demandada por los más pudientes Norteamericanos, a estas alturas Simón Loscertales ya contaba con prestigio mundial reconocido.
El Capitoné paso a paso II
…
Para hacernos una idea del metraje de tela a emplear, se podría hallar el área del rombo en cuestión mediante cálculos complejos pero se trata de hacerlo fácil, así que, generalizando, sumamos dos centímetros más por vértice del rombo (esbozado por los agujeros de la goma) y a multiplicar… aunque sea de cabeza ;)
El Capitoné paso a paso.
Hola.
Ya llevaba yo días con ganas de explicar como hacer Capitoné, la técnica del tapizado que puede resultar un tanto abrumadora o desafiante para los no profesionales del sector, o un entretenimiento gordo para los oficiales cualificados de la tapicería. En estas entradas, quiero dar a conocer una forma sencilla y asequible de ejecutar una técnica generalizada de poner botones y que en el día de hoy aplicaré al Capitoné, paso a paso.
En alguna posible futura entrada, narraré como hacer un Capitoné con crin vegetal, muelles y “motas” a la antigua usanza, sabiduría casi perdida hasta en la memoria y que no muchos saben llevar a buen puerto, otorgando al profesional una membresía cuasi de Vuecencia.
Fashion victim: Delicada seda.
Hola.
Fusión Épica…
Hola.
El Esqueletero 3.0
Hola.
La Tiradera.mp3
Hola.
Tal vez por la cercanía del período vacacional, que tanto urge a estas alturas, a mí la tiradera me estaba sonando a tonadilla veraniega para desentumecer esqueletos a golpe de comparsa, por eso que la haya catalogado en formato audio… y sí, es una pieza pero de madera, que no musical.
La tiradera de tapicero es una herramienta de primera necesidad, con ella tensamos las cinchas de yute, usadas para el ancestral cinchado de muelles, más adelante y modificadas, también tensan las cinchas tejidas que son lo más parecido a las correas de persiana en doble ancho, de polipropileno o poliester, y dando otra vuelta de tuerca a la herramienta en cuestión, nos sirven hoy en día con las cinchas elásticas de última generación que vengo gastando desde hace unos años con un resultado impecable, un entramado de nylon ultra resistente a la tensión y caucho elástico.
Como una de las herramientas primigenias del oficio, tiene una fabricación artesanal tras de si, un cacho de madera de las duras y unos clavos afilados bastan para conseguir un arma cuasi letal que es capaz de abrirte unos cuantos poros más de la cuenta si se te escapa de las manos en pleno ejercicio tensor. Dejando aparte los sangrantes infortunios del tapicero, os apoyo la cháchara con unos .jotapeges que os ayudaran a digerir mis difusas explicaciones:
Una vez que hemos clavado en el centro de la pieza de haya unos cuantos clavos equidistantes, los cortamos a la misma medida y les sacamos punta para que traspasen la urdimbre de la cincha en cuestión. Una vez que tenemos algo parecido a lo de la primera imagen, la pasamos a serrucho (o sierra circular, si dispones) y un limado/lijado para ergonomizarla al gusto. Para rematar la pieza forramos con piel el extremo que apoyará en el mueble a cinchar, que bien puede ser con madera vista por lo que habrá que procurarse una protección infalible para no echar a perder el trabajo del barnizador y, de paso, evitarte un pescozón de su parte ;)
Con el nacimiento de las cinchas para tapizar de fibras industriales, pvc’s y demás, que son más estrechas, este tipo de herramienta no resulta del todo eficaz por lo que el tipo de tiradera a emplear es otro, al que he denominado, tirando de libre albedrío, la tiradera cepo. El método, modo o forma, es pasar un pliegue de la cincheta por una apertura central del artilugio, luego, se hace uso de un pasador de mayor grosor que impide el paso de la cincha trabando el pliegue colgandero… mejor lo vemos haciendo uso de imágenes de archivo:
A día de hoy se ha industrializado la fabricación de la susodicha herramienta optimizando el uso y durabilidad de la misma, unas puntas de acero (que aguantan el afilado aún tensando piedras), van embutidas en madera noble a modo de contenedor, una empuñadura ergonómica, de la cual coge el nombre de cuello de ganso y que facilita el cinchado hasta haciendo el pino puente, hace importante la opción de gastarse unos euros, evitando hacerla uno mismo.
… pero la cosa no acaba aquí, aún queda una actualización de la tiradera y esta vez, corre por mi cuenta ;)
Siguiendo los procedimientos de fabricación anteriormente descritos, os presento La Primera Tiradera Curva de la historia (o al menos que yo tenga constancia) y que resulta de lo más aconsejable para el cinchado de los pouffs redondos, por poner un ejemplo.
Bueno, al más puro estilo de mi amigo Zeby@neitor (que discurre una barbaridad ;) lanzo al aire, en primicia mundial, lo que ya consta como una realidad a pleno rendimiento que me llena de orgullo y satisfacción como Padre de la criatura ;)
Y hasta aquí puedo leer… más que nada porque no sé más, a partir de aquí es competencia de eruditos y en este oficio, andamos escasos y escuetos ;)
Un saludo.
Los almohadones (The origin).
Hola.
Para poner tachuela: determinación.
- Con vivo suelto y cosido a mano, amén de esconder el punto.
- El mismo vivo suelto pero con grapa y ésta vez, escondiendo la grapa.
- Vivo doble que, personalmente, no me motiva en demasía.
- Galón y cómo colocarlo: bien, mal o regular (en una de éstas, es donde me quedé calvo ;)
- Panelado, no me motiva en demasía II.
- Enfundado, en donde casi todo el mérito recae sobre el buen hacer de la costurera.
- Y por último la tachuela de clavar, que esa de rollo que se ponía hace tiempos no se estila, además de que debería estar penado por la Agrupación de Artesanos que se Sienten Como Tal (A.A.K.S.C.T.) o la Asociación de Ponedores de Tachuela como Dios Manda (A.P.T.C.D.M).
Tocar Madera.doc
Hola.
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Una vez que tienes los tablones desbastados, tirando de plantillaje, los llenas de dibujos para pasarlos por la sierra circular donde se sacan las piezas que luego serán cepilladas, lijadas y machihembradas dependiendo de para qué hayan sido concebidas. A estas alturas, una secuoya de doce plantas de altura, está separada en partes que darán vida al mobiliario de un par de salones o tres.
Ya sólo queda ensamblar las piezas que conformarán los esqueletos de sillas, sillones y sofás con la inestimable ayuda de la cola blanca y los gatos de prensa o de fleje y las grapas, que pueden medir de cinco a diez centímetros. Una de éstas es capaz de hacerte llorar hasta cuando tienes a alguien cerca si te engancha los extremos de las extremidades. Una vez ha pasado el tiempo prudencial de secado, la pieza espera ansiosa a que el barnizador le de el tono de piel que nunca tuvo como planta.