Sinapsis de un Tapicero
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El lector hacendoso I: El pouff de Sonia.



Hola.

Ya con el respetable consciente de mi parón profesional, quiero haceros partícipes de cómo he empleado este tiempo, sin alejarme de mis conocimientos laborales ni del teclado, eso sí, a nivel estrictamente personal.

Han sido varias las consultas que me han hecho por privado respecto a dudas, las que más, de fabricación o de materiales, o de formas y maneras de cómo tapizar casi cualquier cosa. Tampoco he querido dejar desatendida la página de “Preguntas al Tapicero”, sin conseguirlo a corto plazo, donde me habéis dejado plasmadas públicamente vuestras inquietudes, a todas he contestado aunque algunas con amplio margen en el tiempo, ya perdonaréis según el caso… si habéis vuelto por aquí después de la experiencia y podéis leer esto, claro.

Bueno, el caso que quiero presentaros no guarda orden cronológico alguno pero creo que es un magnífico aporte para romper el hielo en cuanto al tapizado escrito. Han habido más, llamémosles ayudas,  que seguiré publicando (previo permiso correspondiente) a lo largo del tiempo… si estáis por la labor ;)

Se llama Sonia y consigo, la encomiable labor de hacerse un pouff capitoneado para una habitación del hogar. Había hecho los deberes por su cuenta y a lo que respondí, ya tenía el trabajo duro de empezar, hecho.

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2015-09-28
















Retapizando sillas de estilo.


Hola.

Siguiendo el hilo de entradas anteriores, hoy os traigo la restauración de media docena de sillas de estilo, que no de época, con las que he disfrutado como hacía días, esta vez de la mano de mi tía Gloria que se ha fiado de poner en mis manos las sillas que llevan con ella más de treinta y cinco años.

Tal vez no sean originales de la época que representan pero son fieles reproducciones provenientes de la escuela de maestros que os mencionaba en esta entrada. Son sillas de amplia sentada y respaldo con forma de escudo que responden al estilo Hepplewhite.

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Tras tantos años de fiel servicio el esqueleto seguía impasible al paso del tiempo con una salud envidiable, el asiento  guarnecido había perdido la consistencia desdibujando las formas y flaqueaba allá por donde palparas pero las cinchas de yute, en perfecto estado, seguían sustentando los muelles de cinco vueltas… en cuanto al tapizado… ese si que pedía a gritos el remozado.

Una vez desclavadas, con la arpillera al aire y constatando el buen estado de la misma, les doy el mayor repaso de pincho que hayan catado en su vida desapelmazando y acomodando el crin en su sitio, afianzo el punto de escala del asiento y me lanzo con el punto de cadeneta por todo el perímetro, devolviendo e igualando las formas del asiento. Ahora el guarnecido vuelve a ser duro, cuasi indeformable, y con la acogida propia de un asiento elástico en la zona de sentada.

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De casta le viene al galgo.

 

Hola.

Hoy vengo a narrar una de esas historias que de aprendiz te calan hondo y que, hasta hace poco, tenía olvidada no se dónde y que, gracias al recordatorio del amigo Tapicero Cárdenas, he recuperado del arcón de mis orígenes… os pongo en situación anunciándoos una letrada de dudosa digestión, estáis avisados ;)

Haciendo un guiño a la entrada con la que mi amigo Senovilla nos ponía en antecedentes del oficio, voy a provincializar la historia más cercana de la tapicería que, en cierto modo, llega a incumbirme… aunque como me recuerda  mi hermano mayor, lo mío sólo sea fruto de las escurriduras o salpicaduras…

Allá por Febrero de 1987, en mis primeras tomas de contacto con la grapa, se dejaban oír leyendas sobre la fabulosa estirpe de tapiceros que desde siempre habían gozado de buena fama como profesionales cualificados, generaciones que avalaban el buen hacer de los artesanos por estas tierras Mañas.

Desconocedor por completo de que existieran personas que fabricaban los sofases (hasta que me vi quitando grapas), achacaba estas habladurías a un mero recurso para ensalzar un trabajo artesanal que no trascendía en telediarios y sin reconocimiento social alguno, que yo supiera, y eso que por aquel entonces, un buen tapicero era ganador de buenas perras.

Simon LoscertalesBueno, llegados a este punto, es aquí cuando las leyendas constatadas acaban convirtiéndose en mito con nombres y apellidos: Simón Loscertales Bona, 1890-1971. Hijo de un maestro ebanista Zaragozano, Luciano Loscertales, establecido en la última década del siglo XIX. Se formó como profesional bajo las enseñanzas del maestro ebanista del Palacio Real donde adquirió los conocimientos ligados a los diseños curvilíneos heredados de la corte de Versalles.

Aquí el paisano, con veintiocho años ya estaba de vuelta a la capital del Ebro tras haber visitado España entera, Francia, Holanda e Inglaterra empapando oficio por todos sus poros. En poco tiempo ya contaba con sesenta y cinco operarios a su cargo y sucursales de venta esparcidas por Madrid, Barcelona, Sevilla, San Sebastián, Vigo, Oviedo y Pamplona… ahí es nada.

Taller Loscertales

Este pionero del mueble se hizo con renombre entre la clase pudiente por la exquisita calidad de sus productos,  a principios de los sesenta ya había exportado más de 15.000 modelos de mobiliario a nivel internacional y aún seguía repartiendo conocimientos entre sus empleados. Hay testimonios asegurando que seguía ejerciendo la misma pasión por su oficio que de jovenzano y su presencia en las máquinas era notoria aleccionando detalles a sus operarios, de los cuales, el treinta por ciento eran aprendices, siendo formados con fines concretos en cada una de las dieciséis secciones de la fábrica, a saber:

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  • Ebanistas
  • Tapiceros
  • Tallistas
  • Escultores
  • Broncistas
  • Doradores
  • Rejilleras
  • Repujadores
  • Barnizadores
  • Silleros
  • Marqueteros
  • Terminadores
  • Debitadores
  • Trazadores
  • Maquinistas
  • Dibujantes

La materia prima, como no podía ser de otra forma, era una selección de maderas nobles tales como el Ébano, Palo Santo, Palo Rosa, Roble y Nogal. Para la confección de cada modelo, se dibujaba escrupulosamente el mueble (a tamaño natural) con acuarelas, aportando las referencias técnicas de las matrices de perfiles y tallas necesarias para la fabricación de la pieza. Una vez elegido el modelo, la sección de patronaje y la de maquinistas, daban forma a la elección del cliente.

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Con más de trescientos empleados y una vez que la pieza pasaba por todas y cada una de dichas secciones, el mueble presentaba las ricas incrustaciones de maderas exóticas que enriquecían los colores de las marqueterías Isabelinas. Tallados, dorados y los bronces como aplique, hacían de cada pieza una verdadera obra de arte cada vez más demandada por los más pudientes Norteamericanos, a estas alturas Simón Loscertales ya contaba con prestigio mundial reconocido.



El Capitoné paso a paso II


…

Una vez colocada, clavada y/o pegada la goma, ya “sólo” queda ir colocando la tela y los botones, por cierto, en estas lides es cuando hay que echar mano del E.P.B. y dar tregua a los dígitos.

Para hacernos una idea del metraje de tela a emplear, se podría hallar el área del rombo en cuestión mediante cálculos complejos pero se trata de hacerlo fácil, así que, generalizando, sumamos dos centímetros más por vértice del rombo (esbozado por los agujeros de la goma) y a multiplicar… aunque sea de cabeza ;)

Medidas capitoné 1
Medidas capitoné 2


El Capitoné paso a paso.

 

Hola.

Ya llevaba yo días con ganas de explicar como hacer Capitoné, la técnica del tapizado que puede resultar un tanto abrumadora o desafiante para los no profesionales del sector, o un entretenimiento gordo para los oficiales cualificados de la tapicería. En estas entradas, quiero dar a conocer una forma sencilla y asequible de ejecutar una técnica generalizada de poner botones y que en el día de hoy aplicaré al Capitoné, paso a paso.

En alguna posible futura entrada, narraré como hacer un Capitoné con crin vegetal, muelles y “motas” a la antigua usanza, sabiduría casi perdida hasta en la memoria y que no muchos saben llevar a buen puerto, otorgando al profesional una membresía cuasi de Vuecencia.

Capitoné a la vieja usanza.



Fashion victim: Delicada seda.


Hola.

A estas alturas de la película y tras haber leído el título, ya os habréis dado cuenta de que he instaurado una nueva categoría: “Fashion victim”. En la entrada originaria hablaba de la paliza que supone trabajar con determinados materiales duros de pelar, los tirones y la fuerza bruta a emplear amén de penurias asociadas. Dando por sentada la lección vital de que ningún extremo es bueno, me voy a las antagónicas formas de tapizar: el dulce trato y suave trasiego de la mano sobre el sedoso material hacen que esta faena en concreto, no sea agotadora  sino que se convierta en una cansina parsimonia.

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El caso que nos ocupa trata de una butaca o silloncito de corte moderno: líneas rectas, asiento y brazos enfundados y costuras con pestaña… aquí mento el buen hacer de la compañera costurera, la fragilidad y delicadeza del material hacen que cada puntada de la máquina se convierta en reto, los tirones de hilo y enganchones hacen que cualquier repelo marque la tela de por vida, añadiré que cuando me toca en gracia una de estas, me “afilo” los dedos con lija… así es, me dejo los dedos impolutos de repelones y durezas porque no será la primera ni la última vez, que un hilo (de tantos) se enganche con las duricias.


Fusión Épica…


Hola.

En este gremio siempre que se menta el asiento elástico nos viene a la mente el clásico atado de muelles, la arpillera, el crin, las agujas y la liza… en fin, pensamos instintivamente en un asiento guarnecido del medievo, pues sí pero no. No tienen por que ir siempre de la mano, por razones del tiempo de producción que conlleva el guarnecido, en la mayoría de los casos, o cuestiones hipo alergénicas, cada vez más el laborioso trabajo en extinción se ve suplantado por la goma espuma.

Quiero decir con esto que si usas muelles para el cinchado bien puedes utilizar goma como también puedes guarnecer sin un atado de muelles, creo haber dicho en alguna ocasión que en este oficio, las posibilidades de fabricación sólo son mermadas por las limitaciones de cada uno… y si no con estas palabras, venía a decir lo mesmo, que yo recuerde ;)


El Esqueletero 3.0


Hola.

De todos es sabido, y si no lo hago saber, que un tapicero no es ni la mitad sin un buen esqueletero detrás suyo. Un buen esqueleto marca la diferencia de lo que será una obra de arte ya que ésta, debe conformarse como tal desde el principio, lo mismo que Goya no habría podido plasmar maestría sobre papel del culo, un tapicero no puede lucirse forrando cuatro tablas y un clavo.

Llegados a este punto quiero rendir honores a uno entre tantos… que no igual. Uno que compartía conmigo, sin saberlo, la idea de dar a conocer la pasión por su trabajo más allá de su taller y mamada desde la infancia a lomos de su Padre, El Viejo Ebanista.


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Hola.

Tal vez por la cercanía del período vacacional, que tanto urge a estas alturas, a mí la tiradera me estaba sonando a tonadilla veraniega para desentumecer esqueletos a golpe de comparsa, por eso que la haya catalogado en formato audio… y sí, es una pieza pero de madera, que no musical.

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La tiradera de tapicero es una herramienta de primera necesidad, con ella tensamos las cinchas de yute, usadas para el ancestral cinchado de muelles, más adelante y modificadas, también tensan las cinchas tejidas que son lo más parecido a las correas de persiana en doble ancho, de polipropileno o poliester, y dando otra vuelta de tuerca a la herramienta en cuestión, nos sirven hoy en día con las cinchas elásticas de última generación que vengo gastando desde hace unos años con un resultado impecable, un entramado de nylon ultra resistente a la tensión y caucho elástico.

Como una de las herramientas primigenias del oficio, tiene una fabricación artesanal tras de si, un cacho de madera de las duras y unos clavos afilados bastan para conseguir un arma cuasi letal que es capaz de abrirte unos cuantos poros más de la cuenta si se te escapa de las manos en pleno ejercicio tensor. Dejando aparte los sangrantes infortunios del tapicero, os apoyo la cháchara con unos .jotapeges que os ayudaran a digerir mis difusas explicaciones:

tiradera

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Una vez que hemos clavado en el centro de la pieza de haya unos cuantos clavos equidistantes, los cortamos a la misma medida y les sacamos punta para que traspasen la urdimbre de la cincha en cuestión. Una vez que tenemos algo parecido a lo de la primera imagen, la pasamos a serrucho (o sierra circular, si dispones) y un limado/lijado para ergonomizarla al gusto. Para rematar la pieza forramos con piel  el extremo que apoyará en el mueble a cinchar, que bien puede ser con madera vista por lo que habrá que procurarse una protección infalible para no echar a perder el trabajo del barnizador y, de paso, evitarte un pescozón de su parte ;)

Con el nacimiento de las cinchas para tapizar de fibras industriales, pvc’s y demás, que son más estrechas, este tipo de herramienta no resulta del todo eficaz por lo que el tipo de tiradera a emplear es otro, al que he denominado, tirando de libre albedrío, la tiradera cepo. El método, modo o forma, es pasar un pliegue de la cincheta por una apertura central del artilugio, luego, se hace uso de un pasador  de mayor grosor que impide el paso de la cincha trabando el pliegue colgandero… mejor lo vemos haciendo uso de imágenes de archivo:

tiradera cepo

uso tiradera cepo

 

A día de hoy se ha industrializado la fabricación de la susodicha herramienta optimizando el uso y durabilidad de la misma, unas puntas de acero (que aguantan el afilado aún tensando piedras), van embutidas en madera noble a modo de contenedor, una empuñadura ergonómica, de la cual coge el nombre de cuello de ganso y que facilita el cinchado hasta haciendo el pino puente, hace importante la opción de gastarse unos euros, evitando hacerla uno mismo.

modern tiradera

… pero la cosa no acaba aquí, aún queda una actualización de la tiradera y esta vez, corre por mi cuenta ;)

Siguiendo los procedimientos de fabricación anteriormente descritos, os presento  La Primera Tiradera Curva de la historia (o al menos que yo tenga constancia) y que resulta de lo más aconsejable para el cinchado de los pouffs redondos, por poner un ejemplo.

Bueno, al más puro estilo de mi amigo Zeby@neitor (que discurre una barbaridad ;) lanzo al aire, en primicia mundial, lo que ya consta como una realidad a pleno rendimiento que me llena de orgullo y satisfacción como Padre de la criatura ;)

marco2La Primera Tiradera Curva

Y hasta aquí puedo leer… más que nada porque no sé más, a partir de aquí es competencia de eruditos y en este oficio, andamos escasos y escuetos ;)

Un saludo.



Los almohadones (The origin).


Hola.

Sin excusas y con una cantidad ingente de explicaciones que dar por mi tardanza en la vuelta al teclado (o_O), doy paso al capítulo final de la saga: Los almohadones de muelles ensacados.

Siguiendo en la línea histórica que marcó nuestro Peregrino de la Blogosfera en el post anterior, este artículo viaja en el tiempo para enseñarnos como se confeccionaban los almohadones antes del descubrimiento de los poliuretanos varios y las guatas sintéticas que, como veréis, tanto nos han facilitado la vida a los tapiceros contemporáneos.

Ashampoo_Snap_2012.02.26_11h27m31s_033_Tengo que decir que, desgraciadamente, no he tenido la suerte de toparme con ningún almohadón de este tipo, sabía de su existencia gracias a las habladurías entre profesionales que, a modo de leyenda, nos contaba el jefe a la tierna edad de aprendiz y  más tarde por archivos particulares que recaudo bajo llave tras escudriñar la red por rincones inhóspitos y métodos mil, una serie de documentos históricos que hasta el día de hoy no había tenido necesidad de desempolvar y que guardo para momentos puntuales… o para hoy ;)



Para poner tachuela: determinación.

Hola.

Andaba yo alcahueteando la web en busca de temario cuando en un foro de no sé donde ni pa’qué, preguntaban como terminar la trasera de un sofá, a lo que me dije: “…esa me la sé”. Habiendo tratado este tema recientemente dijiome para mis adentros que por qué no daba rienda suelta a mis conocimientos respecto al controvertido tema de cómo terminar el mueble tapizado.

Básicamente depende del gusto del que vaya a pagar y del sabio (o no tan sabio) consejo de decoradores, interioristas y demás visionarios, a partir de ahí ya corre por cuenta de la maña que se dé el artesano y de su opinión. Digo lo del “sabio consejo” porque no será la primera ni la última vez que la elección de una terminación u otra, desluzcan un trabajo digno del Palacio de Versalles sin que el Tapicero pueda hacer nada al respecto. Igual de importante que saber elegir la tela (peliagudo asunto éste), es elegir el modo de terminar la pieza según la ocasión:
  • Con vivo suelto y cosido a mano, amén de esconder el punto.
  • El mismo vivo suelto pero con grapa y ésta vez, escondiendo la grapa.
  • Vivo doble que, personalmente, no me motiva en demasía.
  • Galón y cómo colocarlo: bien, mal o regular (en una de éstas, es donde me quedé calvo ;)
  • Panelado, no me motiva en demasía II.
  • Enfundado, en donde casi todo el mérito recae sobre el buen hacer de la costurera.
  • Y por último la tachuela de clavar, que esa de rollo que se ponía hace tiempos no se estila, además de que debería estar penado por la Agrupación de Artesanos que se Sienten Como Tal (A.A.K.S.C.T.) o la Asociación de Ponedores de Tachuela como Dios Manda (A.P.T.C.D.M).



Tocar Madera.doc


Hola.


Tal vez éste debería haber sido el primer post de La Sinapsis al ser el principio de toda esta historia, todo tiene un comienzo y el mueble tapizado no podía ser menos.

 
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Todo empieza cuando una semilla cae de un árbol en el suelo lleno de hojarasca húmeda y… así continuaría si estuviésemos en clase de Naturales, pero no es lo que nos ocupa. A nosotros nos atañe cuando el ejemplar, ya es un tarugo del cagarse. Para la mayoría de los mortales cuando uno se enfrenta a algo similar a lo de la foto, enseguida les vienen a la mente expresiones como: “bonito paraje, voto a bríos!”, o “hay que ver lo “gonito” que es esto.oye”, o “parece que escampa” si eres meteorólogo. En cambio, si tu vida laboral se ampara en el triste Convenio Provincial de La Madera, las expresiones se reducen a una sola: “…jodo, pedazo de tablón!”.
El segundo paso es como cuando te estás muriendo, que ves tu vida en diapositivas. Aquí empiezas a desbastar y separar los mejores tablones para la mesa de la bodega y los demás, para despiece. Si la especie de planta de madera es noble, es pobre en nudos y especialmente dura, lo que la hace ideal para madera vista y tallaje o para hacer las bases escuadradas de los sofás que han de soportar la tensión continua de un atado de muelles, o bien para las traviesas que harán de patas/respaldo de sillas y sillones. También es la ideal para hacer palillos mondadientes u ortopedia para piratas.
 
Una vez que tienes los tablones desbastados, tirando de plantillaje, los llenas de dibujos para pasarlos por la sierra circular donde se sacan las piezas que luego serán cepilladas, lijadas y machihembradas dependiendo de para qué hayan sido concebidas. A estas alturas, una secuoya de doce plantas de altura, está separada en partes que darán vida al mobiliario de un par de salones o tres.

Ya sólo queda ensamblar las piezas que conformarán los esqueletos de sillas, sillones y sofás con la inestimable ayuda de la cola blanca  y los gatos de prensa o de fleje y las grapas, que pueden medir de cinco a diez centímetros. Una de éstas  es capaz de hacerte llorar  hasta cuando tienes a alguien cerca si te engancha los   extremos de las  extremidades. Una vez ha pasado  el  tiempo  prudencial  de  secado,  la  pieza espera ansiosa a que el barnizador le de el tono de piel que nunca tuvo como planta.

Un saludo.





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