Hola.
Desde hace un par de semanas, o tres, tenía claro sobre qué trataría la entrada que nos ocupa, más que nada porque ando inmerso (de siete a tres) en el duro arte de tapizar con piel y en cuanto al porqué de tanta demora, no es otro que las dolencias digitales producidas por el cansino y continuado trasiego de las manos sobre el mencionado elemento, que hacen del aporreo del teclado una dolorosa experiencia digna de mención y como diría Aída: “… no tengo el chichi pa’ farolillos”. Pero ya sabemos el dicho que reza: “No hay mal que cien años dure” (en el mejor de los casos, añado) y parece ser que he recobrado el coraje necesario para
abordar temario.
Creo que no me iría muy lejos si afirmara que tapizar con piel, es el primer trabajo de tapicería elaborado por los primeros artesanos forradores… bueno, tal vez por detrás de la piedra con musgo o el cómodo almohadón de estiércol en invierno, así pues, lo dejaremos en uno de los primeros para no equivocarnos mucho. De lo que sí estoy convencido es de que la piel es un material noble, que viste con elegancia cualquier modelo susceptible de ser tapizado y se mantiene ajeno a las modas… o no, como iremos viendo.
A la hora de cortar una piel deberemos prestar más atención, si cabe, que si tratáramos de telas o terciopelos y no sólo por las posibles taras o cicatrices del animal extinto, también es recomendable tensarla para advertir grietas que pasan desapercibidas con el pellejo en reposo. En una misma piel nos encontraremos con diferentes texturas y/o tinturas ya que no por todos los poros se respira igual y como ser vivo que era, era particular, como todos los demás…
Llegados a este punto sería conveniente saber que partes de la piel son las ideales para el uso que les espera. Como peletero dejo mucho que desear ya que me dedico a dar forma, que no transformar, a la materia prima, pero para el tapizado es importante saber un par de generalidades que os narro a continuación:
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En la imagen podemos adivinar que parte de la piel es la más preciada, la lomera, que en términos del saber se llama Crupón y es la parte de la piel restante si separas cuello y faldas.
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A la hora de curtir la piel son muchos los pasos a seguir para obtener un cuero de primera calidad, pero la “capa” más interesante para nuestro oficio es la llamada Capa Flor, la más dúctil y bonita de ver. La capa flor es la comprendida entre la superficie que queda al descubierto al eliminar el pelo y la epidermis hasta el nivel de las raíces de los mismos.
Si después de las breves explicaciones sigues sediento de sabiduría, aquí tienes información para mentes hambrientas y un amplio catálogo de pieles para todos los gustos y si todavía no te has saciado, ya sabes… vídeo al canto ;)
Ahora que tenemos casi claro contra qué nos la jugamos, es necesario aplicar un poco de sabiduría para rematar un tapizado con piel, esto último se adquiere tras haberte pasado varias reses por la piedra, pero sin cornamenta ;)
Todo material “elástico” que se precie (piel, polipiel o skay), tiende a complicarte la vida ya que los tiros y castañas se hacen latentes y palpables por culpa de los brillos y luces. Algunos, ceden casi hasta el infinito y es el artesano el que tiene que acomodarlos a base de manipulados varios, lo más recurrido es la palmada/bofetón a mano abierta mientras estiras y el calentamiento mediante friegas, que dilata un poco el material haciéndolo más manejable/amoldable. Sin embargo, si la piel es dura cual plancha de cartón o llevan tratamientos ignífugos que la hacen impracticable… el tratamiento, será el mismo.

Lo primero a tener en cuenta es que la piel es la que decide cómo y dónde estira y debemos presentarla sobre la superficie a forrar para ver de que pie cojea antes de intentar forzar o retorcer el cuero. En la imagen de la derecha, ya había empezado a sudar tinta para llevar las esquinas a su sitio a base de suculentos magreos. En el caso que nos ocupa, por modelaje, la piel requiere que quede tensada y marcando las formas, aquí es donde las posibles bolsas, arrugas o flacidez y tirones, deslucen todo el trabajo. La forma de evitarlo es disipando el sobrante, grapando los centros:
La imagen de arriba corresponde a un pouff de plástico pero el procedimiento es el mismo que si fuese cuero (abajo). Que sirva de ejemplo para el “disipado del sobrante” o “promediar la bolsa”.

Viendo la foto del pouff me ha venido a la cabeza que no he explicado como evitar bultos en las costuras, porque este modelo en concreto tiene una costura vertical en la faja y la tapa va unida a ésta con doble pestaña. Para las uniones de la piel,
ya sean mediante cosido o pegado es recomendable chiflar la piel (rebajar el grosor) con una chifladora (lijado) o una chifla (acuchillado) si no dispones de maquinaria. En mis tiempos mozos aprendí a chiflar con un formón afiladísimo al que se le proveía de un hatillo de goma en el extremo del mango para apoyarlo en el mentón y acompañar el empuje con la mano asidera de la herramienta, así te aseguras de aplicar la fuerza justa y un ángulo de rebaje óptimo, a día de hoy quedamos pocos que recuerden haber chiflado a la vieja usanza sobre un vidrio.
Aclarado el tema que me inquietaba, vuelvo a las sillas de piel de vaca metalizada vía genoma cual vaca Milka, nos habíamos quedado en los continuos tocamientos y sobeteos necesarios para acomodar la piel y como estirar con talento, el resultado es el de un tapizado tenso que, perfectamente, hace las labores de un bombo. Las formas son insinuadas por el brillo de este tipo de pieles tuneadas, tan de moda últimamente y que ponen en tela de juicio al tapicero al que le caen en suerte estas faenas, personalmente, es un trabajo que me gusta hacer… y es que los retos, son lo mío ;)




Ahora sí creo haber terminado con lo que llevaba en mente, a riesgo de cansar las vuestras, pero después de casi un mes sin teclear de seguido y tanto discurrir, parece que lo haya cogido con ganas… ya perdonaréis ;)
Como siempre, gracias por vuestras atenciones.
Un saludo.